El análisis iconográfico del denominado «Disco de la Muerte», resguardado en el Museo Nacional de Antropología de México, revela la complejidad conceptual de las civilizaciones del altiplano central respecto al ciclo vital y el espacio del inframundo. La pieza representa la vinculación entre la materia orgánica y el destino posterior a la existencia física.
La escultura circular presenta en su centro un cráneo descarnado que los especialistas asocian con Mictlancihuatl, la regente femenina de la región de los muertos o Mictlán. Los glifos perimetrales complementan la narrativa visual mediante símbolos vinculados al ocaso solar y el sacrificio institucional.
Las investigaciones de la escuela historiográfica mexicana ubican la manufactura de este tipo de monolitos en el periodo Posclásico Tardío, momento de consolidación militar y religiosa de la Triple Alianza. Estas manifestaciones artísticas funcionaban como marcadores ideológicos en los centros ceremoniales urbanos.
A diferencia de las concepciones occidentales contemporáneas, el concepto de la muerte plasmado en el disco no connota una dualidad moral de castigo, sino una transición necesaria para la regeneración cósmica. La piedra funcionaba como un elemento de mediación entre el plano terrenal y las dimensiones subterráneas.
Estudios comparativos vinculan este artefacto con otros monolitos de gran formato descubiertos en el centro histórico de la Ciudad de México, tales como el relieve de Coyolxauhqui o la Piedra del Sol. Todos comparten una geometría circular que alude a los movimientos de los cuerpos celestes.
Durante el siglo XX, las interpretaciones iniciales catalogaban la pieza meramente como un ornamento arquitectónico menor de carácter secundario. Sin embargo, el avance de la epigrafía mesoamericana permitió reclasificar el objeto como un documento teológico fundamental para comprender la religión del México antiguo.
El estudio de la pieza continúa integrado en los planes docentes formativos de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Su preservación permite la continuidad de líneas de investigación enfocadas en los sistemas de creencias perimetrales de las culturas nahuas y sus antecedentes regionales.